jueves, 26 de febrero de 2015

Cuento: "La tortuga"

Título: ”La tortuga”.

    De mi lápiz salió una línea que dibujó en el papel una tortuga. Recorté el papel y una tortuga cobró vida en el acuario al estar en contacto con el agua. Le daba de comer lechuga y la mimaba como si fuera mi hijo. Cuando la tortuga estuvo lo suficientemente grande, decidí celebrarlo e irnos de viaje a Tenerife. La metí en un recipiente azul con su mantita. Después la llevé al aeropuerto y allí etiquetaron el recipiente en el mostrador de facturación. El recipiente tenía vía Tenerife saliendo de Londres haciendo escala en Madrid. La tortuga fue llevada a la cinta de objetos especiales y posteriormente hasta rampa cayendo  en un enorme carrito de niños donde se introdujo por casualidad. Un operario cogió el carrito de niños sin ver el recipiente y lo puso en el carro transportador de equipajes de un vuelo con destino Tokyo.
   Cuando llegué a Tenerife no aparecía la tortuga y preocupado fui al mostrador de Lost and Found donde me dijeron que la tortuga había aparecido en Japón. Me llené de angustia como un pez fuera del agua, al pensar que alguien en tierras niponas se había hecho una sopa de tortuga. En el mostrador me dijeron que mi mascota estaría en unos días en Tenerife. Al día siguiente me llamaron del aeropuerto para recoger el pequeño animal y cuando llegué, comprobé que estaba intacto y que nadie se había hecho un exquisito caldo. Los pocos días que me quedaba en Tenerife llevé a mi mascota al veterinario, el cual me dijo que tenía stress y había bajado de peso. Me recomendó que se relajara y la llevé a la playa, echándole un ojo por si se me escapaba.
  De regreso a Londres, fui al mostrador de facturación en el aeropuerto de Tenerife y pedí llevar la tortuga a bordo. Al comienzo del vuelo, le puse a ver la película y le metí los cascos para que se desestresara. Tuve la sorpresa que la película era: “Las tortugas ninja”. Ahora comprendí porqué en Japón no se hicieron la sopa. Cuando llegué a Londres con la mascota la saqué de su recipiente metiéndola en su acuario donde la tortuga murió de infarto. Decidí hacerme una sopa de tortuga y apreciar el líquido de los dioses que llegó a mi cerebro. Animado decidí dibujar otra tortuga.

Fin.


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