miércoles, 5 de octubre de 2016

"CUANDO TE MIRO" Este poema pertenece junto a otros quince, al poemario: "Cuando te miro"

Cuando te miro
tu mirada me esquiva,
cuando te siento
tú corazón huye,
y cuando te tengo
tu alma es libre.

Te debo tanto
y he sido tan tonto
por haber esperado
a estar ciego
para decir: «te quiero».

He sufrido tanto
para ser feliz.

He probado tu veneno
y te he encontrado
cuando estaba perdido.

A tu lado hay un niño
que no tiene mi rostro,
pero es un ser querido
como si fuera mío.

Y que yo pienso
Pues es tuyo
ese sentimiento
que yo comparto
con cumplimiento.

Ahora que estoy a tu lado
la vida no me sonríe,
pero tampoco me maltrata:

Me hace un guiño
para que atraiga
el amor a los míos,
y que me dé cuenta
de a quienes tengo
que dar amor y cariño.

Pues cuando ahora
que te miro
esperas oír mis palabras
 y dar rumbo a las penas,
sentir el día a día
y que viajen bien lejos
estas cosas que nos rodean
que nos hacen sufrir
y que nos impiden ver
el vivir del día a día.

 Es ahora que estás
a mi lado cuando te necesito
cuando me he dado cuenta
de que nunca me has fallado,
y que ha sido la vida
la que nos ha separado.

Ahora me doy cuenta
de que hay que tomar
una decisión en la vida,
pues en cuestiones
del  amor con pasión,
 pueden darnos un buen golpe,
y es el destino
quien se pone los guantes
y nos impacta
donde más nos duele,
que es de donde
salen las lágrimas
cuando estamos solos
o cuando hemos perdido
a quien hemos querido.

domingo, 13 de marzo de 2016

Cuento: La Tortuga Príncipe (traducción en francés)

Titre: Le prince Tortue
(Ou Caouanne, « la tortue bête »)
Le fils de la Tortue Empereur était un enfant gentil et affectueux. Il  hériterait un jour le royaume des Tortues. Mais un beau jour il tomba malade et le médecin du palais ne sut pas ce qu’il lui arrivait; il ne connaissait pas la maladie dont il souffrait. Plus le temps passait, plus il se sentait faible. La Tortue Empereur fit appel à tous les médecins du royaume.
Au palais on vit défiler de nombreuses tortues qui se disaient être le meilleur médecin du royaume mais seule la tortue Bâtarde réunissait les conditions requises. La Tortue Bâtarde promit de le sauver mais en échange elle voulait beaucoup d'argent, elle disait avoir une potion qui le sauverait. La Tortue Bâtarde demanda une charrette pleine de lingots d'or.
La Tortue Empereur s’étonna qu'un médecin demande autant d’argent pour sauver une vie, et décida que la Tortue Bâtarde devait boire la potion qu’elle avait préparée. La Tortue Bâtarde mit tout type d’objections pour ne pas la boire. Face à ce refus la Tortue Empereur décida de l’envoyer en prison où elle serait entourée de barreaux.
Un beau jour une tortue un peu bête, appelée Caouanne, se présenta au palais. Elle avait un remède pour la maladie du prince.
—Et toi ? Qu'est-ce que tu souhaites en échange ? Demanda la tortue Empereur
—Un travail ! Répondit Caouanne.
—Très bien ! Je vois que tu n’es pas si bête qu’on le dit ! Si tu soignes mon fils, tu seras assistante du médecin du palais ! Déclara l’empereur.
—Mais avant, tu devras boire ta propre potion !
—Comptez-y ! Maintenant même je préparerai mon remède et je ferai le traitement au patient ! Répondit Caouanne
Il avala le mélange et il ne lui arriva rien, on l’administra donc au fils de l’empereur. Au bout de quelques jours l’état de santé du prince s’améliora et passées quelques semaines il était complètement guéri.
L'empereur embaucha Caouanne et lui dit alors que plus jamais personne ne dirait que c’était une tortue bête car il avait réussi à soigner son fils et à obtenir un travail et cela valait bien plus que tout l’or du monde.


CUENTO: TINDAYA (traducido por Erica Rabelo)

Tindaya
Convidado para uma festa,
um amigo levou-me a dançar
e a música começou.
Na escuridão da pista
viu uma luz no fundo,
eram os olhos vermelhos
ficava olhando.
Ele veio para dançar
ao centro do disco,
e entre as luzes senti
uma mordida doce.
Meu sangue começou a mudar,
a alma perguntou-me guerra.
Suas mãos sentí
e envolveu seu corpo.
Preso em seu calor
e o calor de seu coração
começou a bater-me
o verdadeiro desejo de voar.
Transformado em vampiro
começar a sentir-se amado.
O vampiro estava,
a festa acabou
e não vai esquecer.
Ao sair, vi a luz
e eu não perceber que,
embora eu sou agora
proíbem vampiro
infelizmente, morrem.


UN POEMA DE ROSARIO VALCÁRCEL

Después de la lluvia

Después de la lluvia, puedo matar
el amargo sueño, asesinar la distancia,
caminar entre careyes y caguamas,
entre mosquitos que cositean.

Después de la lluvia, la luz sin miedo
al mañana se enardece feliz
y las nereidas agitan los brazos,
me enseñan las gracias del oleaje
y me acuerdo de ti. 
           
Entonces resucita el vuelo de mi alma,
es como regresar a casa.

Excitada, sucumbo.
Abrazo el estallido del arco iris,
el lupanar de lagartijas.
Capturo cada instante
y pienso que Mallarmé está equivocado:
la eternidad sí está al alcance de los vivos.






domingo, 24 de enero de 2016

La Tortuga Príncipe


         El hijo de la Tortuga Emperador, que era muy simpático y cariñoso, heredaría el reino de las tortugas. Un buen día cayó enfermo y el médico de palacio no sabía qué le ocurría; desconocía la enfermedad que padecía. Cada día que pasaba se ponía más débil. La Tortuga Emperador hizo un llamamiento a todos los médicos del reino. En palacio se congregaron muchos que decían ser médicos pero solo la tortuga bastarda reunía los requisitos de serlo. La Tortuga Bastarda prometió la salvación a cambio de mucho dinero, decía tener un brebaje que lo salvaría. La Tortuga Bastarda pidió una carreta llena de lingotes de oro. A la Tortuga Emperador le extrañó que un médico pidiera tanto dinero por salvar una vida, así que hizo tomarle a la Tortuga Bastarda el brebaje que había preparado. La Tortuga Bastarda puso reparos en tomar el brebaje y se negó a tomarlo. Entonces el emperador la mandó a prisión donde estaría rodeada de barrotes.
  Un buen día vino a palacio la Tortuga Boba con un remedio para la enfermedad.
  —¿Qué pides tú, Tortuga Boba?
—Un trabajo.
   —Está bien, Tortuga Boba, si curas a mi hijo serás ayudante del médico de palacio.
   —Te tendrás que tomar tu propia medicina
—Lo haré. Ahora mismo prepararé mi pócima y le haré el tratamiento al paciente.
   Se tomó su medicina y no le pasó nada, luego se la dieron al hijo enfermo. Al cabo de unos días la salud del hijo de la Tortuga Emperador mejoró y pasadas unas semanas este se curó del todo. El emperador lo contrató y le dijo que no tenía nada de boba si había conseguido el trabajo.
Fin.


domingo, 20 de septiembre de 2015

"TINDAYA" Este poema pertenece junto a otros quince, al poemario: "Cuando te miro" Editorial Aguere 2015, que se publicará a finales de año.

En una noche de luna,
invitada a una fiesta,
una amiga me llevó a bailar
y la música empezó a sonar.
En la oscuridad de la pista
vi una luz al fondo,
eran ojos rojos
que no dejaban de mirar.
Él se acercó a bailar
al centro de la disco,
y entre las luces yo sentí
un dulce mordisco.
Mi sangre empezó a cambiar,
el alma me pidió guerra.
Sus manos yo sentí
y me envolvió su cuerpo.
Atrapada en su calor
y el ardor de su corazón
empezó en mí a palpitar
el verdadero deseo de volar.
Convertida en vampira
comienzo a despegar
al sentirme querida.
El vampiro se fue,
la fiesta se acabó
y no lo olvidaré.

Al salir vi la luz
y no me di cuenta
que aunque lo quiera
ahora soy vampira
y tristemente muera.

jueves, 2 de julio de 2015

Justicia aeroportuaria (Cuento elegido entre los finalistas en el I Certamen Mundial de Excelencia Literaria MP literary edition)

   La llegada del hielo al aeropuerto de los mares del sur se transformó en un ídolo caído. Rubio y de ojos azules, joven e incandescente. De cerebro en ebullición y de alma sin escrúpulos. Rápidamente, por su parecido físico, se le llamó Ice Man. Su falta de personalidad y su crisis existencial le llevó a decir, a boca llena de un falso orgullo, que él había venido al aeropuerto de jardinero y que las maletas para él eran «poca cosa». Lo que él llamó «poca cosa» fue un engorro que no pudo superar. Se convirtió en un escaqueado y no quería subirse a las bodegas de los aviones. Vio la vía fácil de engañar a los nuevos para no dar golpe. Tal fue su artimaña y su éxito que se vanaglorió de su listeza. Continuó su osadía en el comedor mandando a callar a los capataces, que llevaban muchos años y, por la antigüedad, los llamaban los «pata negra», para él ver la televisión de la cuál él no había puesto un euro.
    Ante una remesa de nuevos operarios, tuvo la mala fortuna de emplear su engaño a un joven que venía de baja y le preguntó: «¡Oye! ¿Tú eres nuevo?». El joven le contestó afirmativamente. En ese instante, Ice Man pensó que un inocente conejito había caído en su trampa y le contestó: «Pues mira, los nuevos se tienen que subir a la bodega para que aprendan». El joven no daba crédito a sus ojos y le preguntó: «¿Y tú cuánto tiempo llevas aquí?». Ice Man respondió con orgullo que tres meses. La respuesta del joven fue demoledora: «Pues yo llevo tres años y, como soy más veterano, te subes tú a la bodega». Ice Man se sintió humillado y, ante la dura labor que le esperaba, decidió hacer de las suyas, y fue directo al capataz. Este era un pata negra y escuchó la batalla de los dos operarios. El pata negra que era un habitual a hacer la sobremesa, no dudó en decirle a Ice Man: «Los nuevos tienen que subir a la bodega para que aprendan».

   Nunca supe más de Ice Man. No sé si habrá aprendido las lecciones de la escuela del aeropuerto o seguirá con sus pensamientos propios de un crío de parvulario.

copyright ©2015
Francisco Morales Domínguez